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TIFF 2025. The Son and The Sea

(Alberto Ramos). Al comienzo de The Son and the Sea, debut de la británica Stroma Cairns, un simple gesto de Jonah, su protagonista, alcanza a resumir su estado de ánimo. El joven se incorpora de su cama y cierra una ventana, clausurando su relación con el mundo exterior. Después escribe en su cuaderno de notas: «Poner en orden mi cabeza», entre otras cosas que debe ordenar, y escucha con indiferencia uno de esos mensajes positivos de autoayuda que le augura un buen día. No es exactamente así, y el angustioso vacío que siente en su vida, se explica en la secuencia de montaje que sigue: música, bebida, droga, frases insulsas compartidas con amigos, los lugares comunes de siempre, un vocabulario que se agota entre vulgaridad, pereza mental y una ausencia alarmante de compromiso. 

Jonah se siente hastiado y cuando se presenta la oportunidad de abandonar Londres y viajar al norte para visitar a una tía con demencia senil internada en una residencia en Escocia, no lo duda un momento. Y parte con su amigo Lee, quien hace las veces de mala conciencia del joven, recriminándolo por su falta de empatía («Te vas a quedar sin amigos») siempre que la ocasión lo permite y no hay nada a la vista de lo cual quejarse, sea lo accidentado del viaje, la pérdida distraída de una mochila, la crudeza del invierno, el repicar de una mar embravecida, la ausencia de wifi o lo remoto del lugar…

Como en una road movie entre compinches, el héroe de The Son and the Sea sale al encuentro del mundo y los que se cruzan en su camino le hacen recapacitar, sanan su desasosiego, revierten la crisis existencial que lo agobia, mostrándole que afuera hay una humanidad dispuesta a acogerle y, lo que es más importante, necesitada a su vez de ayuda. Es el caso de dos hermanos sordomudos, Charlie y Luke, con los cuales Lee, carismático y abierto hasta punto menos que el descaro, hace migas desde el primer momento. (Charlie, que como Lee y Jonah está de visita en el lugar, es una suerte de alma gemela del primero.) Así las cosas, cuando ocurre un robo en el vecindario y su autor, Luke, es arrestado, Charlie desespera porque la policía no permite que vea al hermano. Y además, quiere ajustar cuentas a Sandy, a quien acusa de denunciar a Luke. Es entonces que Lee y Jonah intervienen para hacerlo entrar en razones y evitar que maltrate a Sandy, que es inocente. 

Pero no solo se trata de auxiliar a alguien que, en virtud de su discapacidad, se encuentra en una situación desventajosa. Más adelante, en medio de un paseo en bote por una bahía rodeada de impresionantes acantilados, los amigos encuentran a Sandy inconsciente (se ha caído desde gran altura) y Jonah, dando muestras de serenidad y discernimiento, convence a Lee para que muevan de inmediato al chico en busca de auxilio. Ya en el hospital, los convida a orar por Sandy, internado en terapia (y aprovecha para pedir perdón a Lee, con quien ha peleado en un momento de desesperación). En cierto sentido, ambos se han contagiado del clima de apertura y benevolencia que reina en la comunidad, diríase que lo mejor de ambos ha aflorado al contacto con los lugareños. La madre de Sandy, que canta en un bar, les había regalado una vieja balada sobre el diablo y las tentaciones. Un anciano que vive con su hijo en una granja lejana, los acoge y accede gustoso a prestarles su bote. El propio Sandy, cuando los encuentra por primera vez, asocia a Jonah con el personaje bíblico y ello provoca una amable aclaración de este en referencia a Jonás y la ballena, lo que a su vez deriva en una invitación de Sandy a un lugar cercano desde donde pueden avistarse los cetáceos. Un comentario de Charlie: «Las ballenas llevan consigo toda la historia del mundo, como un maestro sabio», pone punto final a la experiencia. Recuperar el diálogo entre humanos como un bien precioso amenazado por la omnipresencia de la tecnología es imperativo. No por gusto la rotura de un teléfono celular (a manos de Lee, por supuesto) adquiere en este sentido una connotación poco menos que simbólica.   

Que el filme de Cairns abunda en referencias cristianas es algo evidente. Jonah, además de su nombre, lleva puesto un pulóver con el rostro de Jesucristo (poco antes de conocer a Sandy, en las dunas que coronan un acantilado, es Lee quien comenta a Charlie, refiriéndose a Jonah, que este «necesita a Jesús»); a la vista de un carro fúnebre, Charlie cita: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación» (Mt 5:4); durante la excursión en bote, Jonah se muestra tan impresionado por la belleza paradisíaca del lugar que se lanza al agua, exultando en comunión con una naturaleza que viene a su encuentro bajo la forma de un grupo de focas; la propia caída de Sandy, un accidente punto menos que mortal, está resuelta desde una perspectiva que remite a una resurrección, o en su defecto, a una curación milagrosa. Y si de milagros se trata, las dos visitas a la tía Marie West describen una trayectoria que va del dolor inicial ante el mutismo de la anciana en el primer encuentro a un milagroso despertar en la segunda ocasión, cuando Jonah la abraza con infinita delicadeza, llora desconsolado ante el silencio de ella, luego le hace oír música y le susurra algo al oído. Y entonces, inesperadamente, Marie reacciona, musita una frase inaudible, sonríe tímidamente. Como si al reconocer la melodía, la enfermedad desapareciera por un instante, conjurada por la cercanía del otro, el que consuela y acompaña. Apuntar de paso que el vínculo entre Marie West y Jonah (interpretado por Jonah West) parece a todas luces real; a ella está dedicada la película, como se indica en los créditos finales bajo una foto en que sostiene en sus brazos a un bebé, y que Enel filme fuera encontrada por el joven poco después de visitar a Marie.   

Por último, apuntar que la edición de The Son and the Sea alterna entre el realismo del relato de base y una nutrida banda musical que comenta los sucesos, a lo cual se suman otros recursos (voz en off, efectos visuales) que tributan a una dimensión subjetiva. Canciones que subrayan estados de ánimo o reflexionan sobre lo que acontece, acompañando así el viaje personal del protagonista. Hasta el jubiloso cierre  en que Jonah emprende el regreso, transfigurado por una experiencia que lo ha puesto en camino de encontrar, como dice una de las canciones, su lugar en el mundo. 

(reseñado en el festival de Toronto 2025)

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